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La Iglesia

Es el monumento más destacable del pueblo. La advocación más antigua que se conoce documentalmente de la Iglesia, es la de San Cosme y San Damián, cambiándose, en el siglo XVII, y con anuencia de la Sede Apostólica, por el de la Virgen de la Paz.
 
Nos cuenta la tradición que fue don Francisco Sarmiento de Sotomayor, por entonces (siglo XVII), conde de este pueblo, quien encontró la imagen de la Virgen en Brasil, desde donde la trajo hasta Portillo, comenzando entonces su devoción.
 
Reconstruida en varias ocasiones a lo largo de su historia, la Iglesia Parroquial es una edificación en forma de rectángulo de unos 30 metros de largo por unos 10 de ancho.
 
Dos capillas a ambos lados del altar mayor, en cuyo centro podemos divisar, el Sagrario. Sobre este, un magnífico crucifijo, y más por encima aún, en un trono bellamente diseñado, la imagen de la titular de la parroquia, Nuestra Señora la Virgen de la Paz.
 
 
El arco central de la Iglesia es de estilo gótico-florido, del siglo XVI.
 
 
 
 
 
 
 
La pila bautismal que se conserva, tiene grabadas cruces de las órdenes militares, y es del siglo XVIII.
 
 
 
En el interior, también podemos contemplar varios cuadros de gran valor pictórico, magníficas obras de arte, cuyo autor es el destacado pintor de la localidad, don Pedro Gómez.
 
Algunos escritores afirman que antes de la guerra civil española de 1936, había en el templo parroquial, presidiendo el altar mayor, un crucifijo de talla, obra del maestro escultor, Martínez Montañés (1568-1649). Y, junto a la imagen primitiva de la Virgen de la Paz, esculpida en América, que también se conservaba, otras imágenes antiguas de los Santos Mártires, Cosme y Damián, todas ellas de gran valor artístico.
 
La Iglesia custodia, en la actualidad, reliquias de las verdaderas cabezas de San Cosme y San Damián, a las que el pueblo venera profundamente. Parece ser que estas reliquias fueron trasladadas hasta Portillo, en 1911, procedentes del Real Monasterio de las Descalzas, de Madrid.
 
En el exterior, en el lado norte, un espacio que, como ocurría en otros muchos pueblos, en la antigüedad, fue cementerio de la localidad. Hoy lo ocupan un pequeño lugar de esparcimiento y el salón parroquial.