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El día 10 de agosto de 2011, fallecía en Lourdes (Francia) don Rafael Pérez Escobar quien durante casi cuarenta años fue nuestro cura-párroco.

Esta sección quiere, en homenaje a su memoria, recoger cuantos artículos sobre don Rafael y su larga trayectoria en Portillo, se hayan escrito con motivo de su muerte.

Descanse en paz, querido don Rafael.

 

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1. El arzobispo preside el funeral por el párroco de Portillo, fallecido en Lourdes

 

JOSÉ REYES CALERO / TOLEDO
Día 13/08/2011
 
El arzobispo de Toledo y primado de España, Braulio Rodríguez Plaza, presidirá hoy el funeral del párroco de Portillo, Rafael Pérez López, fallecido inesperadamente a la edad de 73 años en Lourdes (Francia). Allí se había desplazado con motivo de la vigésimo septima peregrinación al santuario francés organizada por él.
 
La iglesia de Nuestra Señora de la Paz acogerá hoy, a las 12.00 horas, el funeral. En este templo los feligreses y amigos velan desde ayer el cadáver del sacerdote que durante 40 años ha dirigido la parroquia portillana. Después será enterrado en Rielves, su localidad natal.
 
Según ha comunicado a ABC el profesor de Torrijos, Juan J. Bermejo, que se encontraba junto al infortunado en la tarde del miércoles, «don Rafael se sintió indispuesto y tenía previsto volver a España. Sufrió un infarto de miocardio y los esfuerzos de los médicos no tuvieron resultado, sólo pudieron certificar la muerte», dijo.
 
Junto al fallecido se encontraba también el obispo emérito de Toledo, Carmelo Borobia, y el sacerdote de Gerindote, Juan Alberto Ramirez, para coordinar la expedición de 314 feligreses procedentes de municipios como Portillo, Fuensalida, Torrijos, Corral de Almaguer, entre otros y el sur de Madrid, que cada año acompañaban al párroco en su peregrinación.
 
El párroco de Portillo siempre tuvo una gran predilección por poder construir una residencía parroquial, porque según él había vivido muchas situaciones muy tristes con el traslado de personas mayores fuera del municipio al final de su vida. Despues de más de una década de trabajo y secundado por muchos feligreses y ayudas procedentes de personas, el cardenal Antonio Cañizares inauguró la magistral y funcional obra, donde el cardenal emérito de Toledo, Francisco Álvarez Martín, colocó la primera piedra.
 
Otro de sus grandes proyectos fue la construcción de la ermita de los patronos, San Cosme y San Damián, consagrada hace casi dos décadas, por el entonces obispo auxiliar de la diócesis Rafael Palmero.
 
 
Fuente: Diario ABC / Edición Toledo
 
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2. La última peregrinación de don Rafael

 
 
Cuando el pasado día 7 de agosto, con la salud bastante mermada, don Rafael, consciente de ello, subió al primer asiento del autobús número uno de la peregrinación interparroquial a Lourdes que cada año, él, con su parroquia de Portillo organizaba desde hace ya casi treinta años, emprendió la que iba a ser su última peregrinación.
 
Volviendo la vista atrás y analizando como fueron transcurriendo los acontecimientos, uno tiene la sensación de que don Rafael la comenzó intuyendo que este era un viaje del que bien pudiera no regresar.
 
A quienes nos habíamos adelantado a los autocares, durante su trayecto ya nos llegaban, vía teléfono, noticias poco alentadoras: don Rafael estaba haciendo el viaje visiblemente enfermo. Cuando la peregrinación llegó a Lourdes, pudimos constatar que su salud no era buena, y aunque lo encontramos especialmente cansado, lo atribuimos a lo pesado que resulta el largo viaje. Sin embargo, según iban transcurriendo los distintos actos programados, era fácil darse cuenta lo delicado de su situación.
 
No voy a hacer aquí un detalle exhaustivo de cada acto, de cada momento; ni tendría espacio, ni tampoco tendría sentido. Sí quiero enumerar los más significativos y dejar constancia de unas impresiones que me salen desde el corazón.
 
La peregrinación tuvo su primer momento importante en Zaragoza, con una Misa en la Basílica del Pilar en la que según me cuentan, don Rafael concelebró, aunque no dirigió la palabra al numeroso grupo. El primer acto ya en Lourdes tuvo lugar al día siguiente: una Eucaristía de agradecimiento por todos los años venidos a Lourdes, con el emotivo momento de la entrega de medallas. Don Rafael, que concelebró, también recibió la suya de manos de don Carmelo, nuestro querido Obispo emérito de Toledo, que nos acompañaba.
 
Estuvo presente participando activamente en el Acto Penitencial, confesando a los peregrinos y presidió, junto con don Carmelo, la Santa Misa en la Gruta, ¡su última Misa!
 
Quiso hacer el Vía-Crucis aunque fuera en una silla de ruedas, ¡Cuánto le costaría subir por aquellas cuestas empedradas! ¡Cada trasteo de la silla debía ser una punzada que se clavaba en su cuerpo ya de por si muy dolorido! Nos predicó con una fuerza increíble, especialmente su estación preferida: la que los peregrinos conocemos como del “árbol seco de Lourdes”. ¿De donde sacaría las fuerzas? -nos preguntábamos. Ahora resulta claro: estaba entregando a su peregrinación todas las que le quedaban.
 
Su estado de salud le obligó a renunciar a presidir la procesión de enfermos, honor para el que le había invitado la dirección de los Santuarios.
 
 
Don Rafael, a lo largo de las horas, de los días vividos allí fue entregándose del todo, hasta el final. Las veces que nos dirigió la palabra, pocas, creo que fueron tres las ocasiones, tenían un cierto aire de despedida, especialmente el último encuentro, frente a la Gruta, que todos los años teníamos como acto de adiós a la Virgen la última noche de estancia en Lourdes, y que él quiso adelantarlo a la noche anterior, la del día 9 de agosto, ¿mera casualidad…? Ciertamente ¡se despidió de la Virgen!, con pocas palabras, ya un tanto inconexas, que levantaron en los peregrinos todas las alarmas. Esta fue la última vez que habló en público, ¡Y cuánto esfuerzo le costaron! Pero lo dio todo, y con sus últimas fuerzas quiso indicarnos como cada año, y ya para siempre, a María de Lourdes como camino para llegar a Jesucristo y a la vida eterna. ¿Presentía él muy cercano su encuentro con el Padre? Nunca lo sabremos con certeza; personalmente, por todo lo vivido en Lourdes estos días junto a don Rafael, me parece muy posible.
 
 
A partir de aquí todo se precipitó. Retornamos con él al hotel para ponerlo en manos de los médicos, que ya continuamente estuvieron muy pendientes de su salud.
 
 
Al día siguiente, 10 de agosto, por más que la preocupación por el estado de salud de don Rafael nos tenía como paralizados, siguiendo el programa previsto, por la mañana la peregrinación participó en la Misa Internacional. Y en la tarde, tras una leve mejoría y a punto de emprender su traslado a España, con sus peregrinos rezando vivamente el Santo Rosario en el hall del hotel, don Rafael cruzó a “la otra orilla” y cerró definitivamente los ojos a esta vida. La Virgen, a la que tanto quería, quiso quedarse con él, haciendo que su nombre quedara para siempre ligado a la historia de Lourdes.
 
 
Faltaba un acto importante para concluir la peregrinación: la participación esa misma tarde-noche en la Procesión de Antorchas, a la que decidimos acudir a pesar de todo, ya sin él al frente. Nuestras banderas españolas ondearon en Lourdes como cada año, esta vez con crespones negros en señal de luto por quien en tantas y tantas ocasiones nos había llevado hasta aquella bendita Gruta. Su nombre resonó a través de la megafonía del recinto y con el alma encogida y un nudo en la garganta, huérfanos de padre, nos volvimos al hotel a preparar el viaje de regreso.
 
Eso es todo. Espero que el lector entienda me reserve la crónica de las horas vividas inmediatamente anteriores y posteriores a la de su muerte que, como puede suponer, pertenecen al ámbito de lo íntimo, y aunque muy difíciles, tuve la dicha de compartir con los familiares más directos de don Rafael y con don Carmelo y su familia, ¡qué gran familia!
 
Don Rafael murió como vivió: entregado a su Residencia y trabajando en su querida peregrinación a Lourdes. Descanse en paz, don Rafael, amigo, sacerdote, párroco de Portillo. Gracias por su vida desgastada al frente de la parroquia, con sus alegrías y sus tristezas, sus aciertos y sus errores, por qué no; cuarenta años dan para mucho, y sólo Dios no puede equivocarse. Los demás deberíamos aplicarnos aquella frase de Jesús en el Evangelio: “El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”. ¡Hasta la eternidad, don Rafael! allí compartiremos la Vida que no termina nunca, ¡Oh, Claridad eterna!
 
 
 
                                         Mariano Juan Martín

 

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3. ¡Gracias, don Rafael!

 

Estas palabras quieren ser de agradecimiento a quien, a lo largo de 38 años dedicó su vida de sacerdote a servir al pueblo de Portillo.
Con aire de juventud y renovado entusiasmo en el año 1973 llegaba D. Rafael a la parroquia de Portillo. Nuestra  corta edad, por entonces, nos hace recordarle como un hombre muy alto, que caminaba muy deprisa y al que le encantaba jugar al fútbol.
Su labor parroquial fue realizándose, día a día, con verdadero celo apostólico.
Tres grandes obras emprendió en nuestro pueblo: el arreglo de la Iglesia, consiguiendo eliminar las humedades. La construcción de la ermita en honor de los Santos Mártires, conmemorando el 75 aniversario del milagro realizado por ellos, en nuestra localidad. Y la Residencia para los mayores, en la que puso todo su interés; ya que era consciente del dolor que suponía para los ancianos tener que dejar su pueblo.
En todas estas obras es de destacar su empeño en unir a Portillo  y hacer que todos los portillanos colaborasen, cada uno en la medida de sus fuerzas y posibilidades.
También es de agradecer la gran cantidad de catequistas que fue formando en la “Escuela de Catequistas”. Recordamos aquellas excursiones de fin de curso al “Charco Verde” y los encuentros festivos de Catequesis en la diócesis de Toledo. Y las peregrinaciones a Lourdes, traspasando las fronteras de Portillo y abriendo al amor de la Virgen a miles de peregrinos, que, año tras año, viajaban con ilusión a un nuevo encuentro con la Madre.
Son tantos años y tantos recuerdos que faltan palabras y sobran emociones que, apenas, se pueden contener. Solo una palabra lo resume todo: ¡“GRACIAS” por ser un pastor bueno y desde el Cielo siga velando por su querida parroquia de Portillo!
 
Mª Luisa y Mª Isabel Lorenzo

                   

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4. Homenaje a don Rafael

 (Artículo extraido del libro "Ferias y Fiestas en honor a los Santos Mártires, San Cosme y San Damián 2011")

 

    Tan solo a falta de unos días, para recibir el esperado “SALUDA” de nuestro Párroco, D. Rafael Pérez Escobar, su vida, inesperadamente, terminó: Dios le llamó y se fue con Él. Nosotros, desde aquí, sentimos el vacío natural que deja un amigo, una gran persona y un gran sacerdote. Con él hemos vivido muchos buenos momentos y compartido grandes hazañas.

    Naturalmente, 38 años que ha estado con nosotros, dan bastante de sí: ha bautizado a nuestros hijos, han recibido su Primera Comunión, nos ha casado a muchos de nosotros, ha estado con todos los que ha podido preparándoles y ayudándoles en los últimos momentos de sus vidas.

    Por todo esto, y por todos los momentos que él nos ha dedicado, Portillo quiere de corazón, que esta página de su habitual “SALUDA” sea un sencillo, a la vez que un merecido homenaje a su vida, como persona y como Párroco.

    Don Rafael, siempre le recordaremos.

 
 
PORTILLO DE TOLEDO

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5. Don Rafael amó a su pueblo con el corazón de Cristo Sacerdote

(Artículo extraido del libro "Ferias y Fiestas en honor a los Santos Mártires, San Cosme y San Damián 2011")
 
 
“El que me envió está conmigo,
él no me deja solo, porque yo hago siempre
lo que le agrada”.  Jn. 8,29
 
 
Agradecemos la oportunidad que nos brindan estas fiestas de nuestros santos patronos Cosme y Damián para compartir con ustedes nuestro sentimiento de reconocimiento ante la obra que realizó nuestro tan querido y recordado Don Rafael.
 
Con inmensa alegría recordamos la memoria de Don Rafael Pérez Escobar, Párroco de Portillo durante varias décadas y fundador de la Residencia Parroquial de Mayores “Nuestra Señora de la Paz”.
 
Los corazones inundados de gratitud de dirigen hacia Dios dispensador de todo bien, por darnos guía y pastor a don Rafael en el cual reconocemos el amor, compañía y misericordia que Jesús prodigó a su pueblo por mediación de su fiel y solícito siervo.
 
Don Rafael se entregó con profunda caridad al servicio de la Iglesia, acogiendo con ternura a los niños, educando a los jóvenes, acompañando a las familias y amando a los ancianos. Fruto de su celo apostólico se evidencia en los numerosos hijos que dio a la Santa Madre Iglesia con el sacramento del Bautismo; así como la incalculable cantidad de almas que alimentó con el Banquete de la Eucaristía. También fue instrumento de misericordia, reconciliando a muchos pecadores con su Creador por medio del sacramento de la confesión. Preparó y acompañó a muchos jóvenes hasta conducirlos a la Confirmación libre y gozosa de la fe y entre ellos se cuentan algunos que aceptaron el reto de amar y dejarse amar por Jesús consagrándose al sacerdocio. Con el sacramento del Matrimonio, bendijo a numerosos hogares donde germina la vida y el amor que son siempre don e iniciativa de Dios.
 
Este presbítero según el corazón de Cristo, acompañó con su presencia y palabra a los más pobres, tristes y desamparados. Ungió a numerosos enfermos que partieron en paz hasta la eternidad y en el momento doloroso del duelo consoló y amó a quienes lloraban la partida de sus seres queridos.
 
Pero su celo apostólico no paró ahí. Por el contrario, pareciéndole poca la vendimia adquirida po él para Dios, quiso asegurar a las personas de la tercera edad un hogar digno, una casa donde Jesús fuera el dueño y la Virgen María, la dulce madre de la Paz. Para ello, con vigor emprendió la construcción de la Residencia Parroquial de Mayores “Nuestra Señora de la Paz”. Fue ayudado por manos y corazones generosos que hicieron posible con arduo trabajo que esta obra se hiciera realidad, Sí, construyó un hogar para acoger y amar a Cristo en el rostro de cada abuelito que aquí ha vivido, vive y vivirá.
 
Todo esto deja claro que Don Rafael, nunca escatimó esfuerzo para dar gloria a Dios edificando la Iglesia y por tanto, todo sacrificio y trabajo le parecía dulce, con tal de ganar almas para Dios. ¡Don Rafael, muchas gracias por hacer presente a Cristo en medio de nosotros! Nuestra más sincera gratitud por la caridad, solicitud y paciencia con que nos amó.
 
Pues bien, Don Rafael, hoy la Junta Directiva del Patronato de la Residencia de Mayores “Nuestra Señora de la Paz”, las Hermanas Dominicas Hijas de Nuestra Señora de Nazareth, el personal que trabaja en la Residencia, los abuelitos y familiares, damos gracias a Dios por su vida, vocación, ejemplo y amor.
 
Gracias, mil gracias… Y ahora que contempla en plenitud a Dios y a la Santísima Virgen María, le rogamos nos continúe acompañando, para que también nosotros podamos culminar fielmente nuestro peregrinar en este mundo, podamos amar y servir a todos según el corazón misericordioso de Jesús.
 
Don Rafael, esto no es un adiós, es un hasta pronto… hasta reunirnos en la patria celestial con nuestro Creador y Salvador.
 
 
Junta Directiva del Patronato
de la Residencia Parroquial de Mayores
“Nuestra Señora de la Paz”

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6. Don Rafael, gran pastor

(Artículo extraido del libro "Ferias y Fiestas en honor a los Santos Mártires, San Cosme y San Damián 2011")
 
Aprovechamos la ocasión para rendir homenaje a un sacerdote coraje
que por la juventud portillaza mostró su preocupación.
Tres cosas guiaban su norte; enfermos, mayores y jóvenes
a los que desde la fe, amamantaba en su ser.
 
Con fe, paciencia y amor, una casa para nuestros mayores consiguió,
tres años tiene ya la niña de sus ojos, anda sus primeros pasos,
¡qué pena no verla crecer!, usted, que la crió.
Para disfrutar con ella tantos momentos que compartió,
formando parte de la vida de los mayores a los que tanto adoró.
 
D. Rafael, pastor de un rebaño joven, nos guió por caminos,
con un único objetivo: el amor a Dios y a los demás,
que tanto nos inculcó con entusiasmo y tesón.
Sus palabras de fortaleza cada sábado nos hicieron crecer en el amor,
aprendiendo a ser cristianos valientes en medio de tanta preocupación.
 
No olvidaremos nunca su gran atención,
por hacer de nosotros unos jóvenes cristianos
a pesar de las dificultades en estos tiempos de revolución.
La constancia fue su aliado, la paciencia su virtud,
admiramos su dedicación por hacer de este rebaño,
hombres y mujeres de fe, guiados por el amor.
 
Tanto empeño y tesón en llevar a cabo una peregrinación
para llevar a Lourdes un gran rebaño, todos en procesión.
Rezando a la Virgen frente a la gruta cada año nos acompañó,
pero este año la Virgen se lo llevó; un sueño se cumplió:
D. Rafael Pérez Escobar muere en los brazos de María a quien tanto amó.
 
Gracias por su atención hacia esta juventud portillana
que nunca olvidará su carácter emprendedor,
siendo para nosotros un ejemplo de gran evangelizador
¡Nunca lo olvidaremos, lo llevaremos en el corazón!
 
 
                                                                                                       JÓVENES DE PORTILLO

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7. En memoria de nuestro párroco D. Rafael Pérez Escobar

(Artículo extraido del libro "Ferias y Fiestas en honor a los Santos Mártires, San Cosme y San Damián 2011")

 
En primer lugar agradecer al Excmo. Ayuntamiento de Portillo de Toledo por dejar expresar mis sentimientos y estoy seguro el de la inmensa mayoría de los portillanos, a través de estas líneas dedicatorias para nuestro párroco D. Rafael que, desgraciadamente ya no se encuentra entre nosotros.
 
En esta vida en la que hoy vivimos, o mejor dicho en esta época tan difícil que nos ha tocado vivir, tan loca, tan frenética, en la que lo superficial, las apariencias, el miedo y las nuevas eras modernas y tecnológicas se sublevan y prevalecen sobre los verdaderos valores éticos y morales de cualquier ser humano.
Vivimos generalmente en una sociedad desorientada, que se mueve por impulsos, sin rumbo fijo, sin valores y sin convicciones determinadas.
En estas condiciones queridos amigos es muy difícil pasar inadvertido y tiene mucho mérito haber sido el párroco de un pueblo durante casi 40 años.
 
Corría el año 1973, llegó entonces a Portillo un sacerdote de apenas 35 años, formado en los seminarios menor y mayor de Toledo, anteriormente estudió 2 años en los frailes de Villaluenga. Se ordenó sacerdote en Julio de 1966 y cantó misa por primera vez en Rielves, su pueblo natal dónde había nacido el 24/10/1938.
Primeramente pasó unos 7 años en el convento de clausura de Fuensalida.
Por fin en el año 1973 fue destinado para dirigir la parroquia de Ntra. Sra. La Virgen de la Paz en Portillo de Toledo, de la cuál ya no se movería hasta el fin de sus días.
Ha estado 38 años entre nosotros y como persona humana que era, con sus defectos y sus virtudes, creo que nos ha dejado un gran legado.
 
Acometió varias reformas muy importantes y necesarias en la Iglesia parroquial, reformó y acondicionó el salón parroquial y lo que hoy conocemos como las gradas,
Se construyó una ermita con la ayuda de muchos portillanos para que nuestros Mártires San Cosme y San Damián fueran venerados como se merecen y el pueblo celebrara su romería anual en un sitio tranquilo y apacible.
Pero no contento con todo esto, pensó y llevo a cabo su mejor obra posible, que los ancianos-as de Portillo no tuvieran que marcharse nunca de su pueblo, con mucho sacrificio y tesón y con la ayuda de muchos portillanos que colaboraron tanto económicamente como con su mano de obra, se terminó por fin su ansiado proyecto
La residencia de ancianos Ntra. Sra. De la Paz, que por muchos años será para uso y disfrute de los ancianos-as de Portillo. ( Además de los puestos de trabajo creados ) .
Aquí esta prácticamente el legado material que D. Rafael nos ha dejado, lo que se puede ver y tocar, pero no por ello lo más importante.
 
Durante estas 4 décadas ha formado tanto a niños como a mayores, suministrando los santos sacramentos a muchos de nosotros y a otros que desgraciadamente ya no están.
Nos ha educado con determinación y disciplina en el camino de la fe de Cristo y en los valores que ello conlleva: amor, paz, piedad etc.
De lo cuál nos sentimos muy orgullosos y le estaremos eternamente agradecidos.
 
Muy devoto de los Mártires S. Cosme y S. Damián, tuvo predilección por nuestra patrona Ntra. Sra. De la Paz y también muy especialmente por la Virgen de Lourdes
La inmaculada Concepción, a la cuál todos los años le organizaba una peregrinación con los feligreses de Portillo y de la comarca.
En agosto de 2008 se celebró el 150 aniversario de las apariciones en Lourdes y se le
Impone a D. Rafael Pérez Escobar la medalla por haber realizado la XXV peregrinación al santuario francés.
El destino ha querido que justo 3 años después, concretamente el 10/08/2011 se produjera el fatídico desenlace, la virgen de Lourdes ha venido a ver a su hijo Rafael, que tanta predilección sentía por ella y se lo ha llevado, Portillo su pueblo,  llora amargamente esta gran perdida.
No tengo la menor duda que D. Rafael esta ya disfrutando de la gloria de Dios Padre al lado de su querida madre, la Virgen de la Paz y de Lourdes.
Quiero pedirle desde aquí, que no se olvide nunca de su pueblo, Portillo, que siga pidiendo e intercediendo por nosotros, por nuestra Iglesia y por todas nuestras familias, para que nos proteja y estemos siempre en el camino de la fe, de la unidad y de la paz.
Porque Portillo nunca le olvidara y su recuerdo permanecerá eternamente en nuestros corazones. Muchas gracias por todo y hasta siempre.
 
  
 Mariano Nombela Del Casar.

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8. Don Rafael y Lourdes

(Artículo extraído del libro "LA FERIA 2011 de Torrijos y su comarca")

 

Hablar de Lourdes es hablar de María: “La Virgen”. Pero Lourdes a pesar de ser un lugar sagrado donde el amor de Dios se manifiesta a flor de piel en todos sus rincones, no todos los que visitan este lugar viven su experiencia de la misma forma.
 
Hay personas que allí buscan hacer oración. Otros buscan la paz; algunos buscan milagros; queremos salud, aumento de Fe, es decir, cada uno viene aquí con sus necesidades, se ponen ante “María” para que se resuelvan y Ella escuche nuestras plegarias. Y claro que son escuchadas porque la Virgen es Madre y no abandona a sus hijos y de una manera u otra Ella da solución a nuestros ruegos.
 
Hace veintiocho años que Don Rafael, párroco de Portillo comenzó esta andadura, siendo al principio una peregrinación de su parroquia; con el tiempo esto fue aumentando en número de personas y pueblos que se iban uniendo, transformándose en una peregrinación interparroquial.
 
En la actualidad, peregrinamos allí más de diez pueblos y un montón de autocares; caminamos con gran ilusión y mucha Fe para llegar a los pies de la Virgen y dejar ante Ella nuestro corazón y nuestras súplicas.
 
Don Rafael nos ha enseñado a amar a Nuestra Señora de Lourdes, inculcando en nuestras almas el deseo de volver todos los años como si fuera el primero, y digo “nos ha enseñado”.
 
Hablo en tiempo pasado; pues por desgracia Don Rafael nos ha dejado; se ha marchado con la Señora y precisamente ocurrió allí, en la “CASA de MARÍA en LOURDES”. En mi opinión, María quería tanto a Don Rafael que le ha llamado a dar este paso allí junto a Ella, y así se lo ha llevado al Cielo.
 
Don Rafael: Descanse en Paz junto a la Virgen. Todos los peregrinos nos hemos quedado huérfanos; pero también esperamos que desde el Cielo nos ayude para volver, como hasta ahora, todos los años a este lugar.
 
Lugar de belleza natural. Parece como si Dios con todo su poder extendiera sus manos creadoras y pintara de verde sus montañas, surcara la zona con el agua de su río y sus fuentes milagrosas.
 
Agua que lava y alivia nuestros males, ya sean del cuerpo o del alma.
 
Allí el enfermo encuentra alivio a su mal y el pecador paz para su espíritu.
 
En los baños nos lavamos la suciedad del camino y encontramos fuerzas para seguir andando por la vida.
 
En la gruta vemos la figura de la Señora en aquella roca sagrada que constantemente te está diciendo: Lávate; sé bueno; haz bien a todos; no te canses de amar a mi Hijo Jesús…
 
Y así hablando con Ella, el tiempo pasa volando, mientras vamos pasando las cuentas del rosario, que todos los peregrinos llevamos en las manos: “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros”,
 
Las luces de las velas en la procesión de antorchas son como lenguas de fuego que se mueven para llevar al mundo un poco de Luz y de calor y transmitir el amor de la Virgen.
 
La bendición de enfermos con Jesús sacramentado, nos está diciendo qu Él es la vida y la fuerza que nos empuja, la Eucaristía la necesitamos para fortalecer nuestras flaquezas.
 
Esto es Lourdes para mí.
 
Y aún hay más.
 
Cuando ves tantas personas de distintas razas y lenguas, rezando al mismo Dios y a la Virgen, te sientes que eres más Iglesia y que somos miembros vivos de la misma.
 
De esta manera todos unidos fortalecemos nuestra FE. Creemos con más fuerza.
 
Actualizamos nuestra Esperanza, ya que hay tanta juventud que reza y ama a Dios con tal fuerza, que vemos que nuestra religión no está muerta, que en realidad se sigue creyendo y alabando a Dios.
 
Y nuestra Caridad se hace más patente pues de allí sacamos fuerza para amar a Dios y también amarnos más y mejor entre nosotros.
 
La peregrinación a Lourdes no termina al volver a casa.
 
¡Ahora comienza! Pues a todos los peregrinos nos toca contar y transmitir a todos los que no fueron, las experiencias vividas y gritar al mundo que se puede vivir amando según el Evangelio.
 
Nuestra labor es conseguir un mundo nuevo lleno de amor y de armonía aprendiendo a respetarnos y amarnos como Dios quiere.
 

Una peregrina de Lourdes

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9. Recordando a Don Rafael

  

Foto: Galería www.portillodetoledo.es

Desde que ayer, miércoles 10 de agosto, me enterara de la noticia del fallecimiento de Don Rafael, párroco de mi querido pueblo, Portillo de Toledo, no he podido evitar sentimientos de tristeza y nostalgia. Qué casualidades tiene la vida –podríamos decir- quiso quedarse en aquella gruta francesa con la Virgen de Lourdes; y allí se quedó, con Ella.

 

Son muchos recuerdos los que me han venido a la mente. Y se entremezclan con muchos de los mensajes que veo en las redes sociales en contra de la Iglesia y de la visita del Papa. En mi opinión, muchos de estos ataques están infundamentados y demonizan gratuitamente a una institución, la Iglesia, que sigue siendo necesaria y cumple papeles vitales en nuestra sociedad. Sin embargo, todas las opiniones son respetables y no es mi intención, en este sentido, entrar en polémicas. Pero permítanme recordar y dedicar unas palabras, más que a un sacerdote, a una gran persona. Que me perdonen sus detractores, pero es que yo me eduqué y me socialicé en un ambiente cristiano-católico. Y no me arrepiento, pues aunque no soy un practicante ejemplar, aprendí en clases de religión y en catequesis valores morales que siguen siendo hoy principios básicos en mi vida. Y éstos, no tienen por qué estar en contradicción de otros que se consideran aconfesionales. Quizás son esos valores de los que hablo los que me obligan hoy a escribir a la memoria de Don Rafael.

 

Con Don Rafael aprendí una de las cosas más importantes que me ha ayudado mucho en la vida: a madurar en la fe. -Sí, yo también tuve mis crisis de fe-. Él me ayudó en aquel periodo de incertidumbres. Y hoy puedo decir que ‘tener fe’ me ha servido de gran ayuda en muchos momentos delicados. Recuerdo en aquellas reuniones de catequesis, para explicar el significado de la fe, ponía muchas veces el ejemplo del ladrón que se santiguaba antes de realizar su acción, siendo inconsciente de que lo que iba a hacer era una mala acción. Y en esas reuniones a mi me gustaba hacerle preguntas difíciles; hablábamos mucho sobre el significado de la muerte. Incluso le regalé un libro sobre aquella incomprendida que ayer se lo llevó. Seguro que lo tendrá guardado en algún lugar. Tendría curiosidad por verlo, pues él tenía la costumbre de tomar nota en los márgenes de los libros cuando algo le llamaba la atención. Confieso que esa costumbre, que ahora también tengo yo, se la copié.

 

Y en esto de la fe, él sabía bastante, sino ¿cómo hubiese sido posible hacer una Ermita y una Residencia empezando por nada? Era carismático sí. Sabía tocar en aquellos corazones de personas de fe y, a su vez, hacerla crecer en sus corazones. Recuerdo las procesiones de Semana Santa. Un rato antes de que empezaran, me apoyaba con mis amigos en lo que llamábamos ‘gradas de la Iglesia’. Yo había sacado al Nazareno en otras ocasiones y me decía a mi mismo: “ya habrá alguien que quiera sacarlo este año”, y luego se oía por la megafonía de la Iglesia que se necesitaban jóvenes voluntarios que sacaran al Santo. En el fondo me alegraba, intentaba convencer a mis amigos para ir, y siempre había alguno que me acompañaba. No me importaban las molestias que tenía luego en los hombros de aguantar aquel pesado Nazareno. Más que me llamen iluso, yo me sentía bien y pensaba que había sido un buen gesto. Tampoco me importaba subirme a la carroza del Cristo intentando mantener el equilibrio sosteniendo a la misma vez la cruz, ya que había que bajarla un rato antes de sacarla o meterla porque si no, daba con el dintel de las puertas de la Iglesia. Don Rafael sabía que me gustaba y que lo hacía por devoción y sin ningún tipo de interés. Con un solo gesto suyo me bastaba. Y luego hacíamos lo más difícil, colocar al Cristo en lo alto del altar. Una tarea ardua complicada y riesgosa que hacíamos con escaleras que oscilaban de un lado para otro. Pero abajo había alguien que te sujetaba la escalera y tú confiabas en él, y tenías fe, porque allí estaba Don Rafael dirigiendo y animando a todos. Siempre encontraba las palabras idóneas que te estimulaban y te hacían valeroso. Ahora entiendo porque mi padre tenía siempre esa ilusión por ir a ponerle las pilas al Santo Sepulcro en Semana Santa. Para él era un acto de devoción como los que yo acabo de contar. Y eso sólo se hace cuando se tiene fe en algo.

 

Más fe han tenido –y tuvieron- todos los que, aportando más o menos, con trabajo o con dinero, hicieron posibles las construcciones de la Ermita de San Cosme y San Damián, y la Residencia de Ancianos. Y allí estuvo Don Rafael, el primero, para que esos proyectos, que parecían imposibles, se hicieran realidad. Que bonito es cada año ir a la Romería de la Ermita, que aunque no vayas a misa, vas allí porque un día se hizo una Ermita y un espacio para poder hacer ese maravilloso evento. Yo planté alguno de aquellos árboles que hay allí. Recuerdo el viernes que me dijo mi padre que el sábado teníamos que levantarnos pronto y echar una mano a Don Rafael para ese fin. Y a mi no me apetecía mucho, y entonces vino Don Rafael y me dijo: “pero hombre, Rubén… que no me puedes decepcionar”. Dichosas palabras aquellas que de repente cambiaban mi estado de ánimo. Y allí fui a cavar y a plantar árboles. Ahora tengo un recuerdo muy bonito de aquello.

 

Recuerdo también, aún siendo más pequeño, que mi hermana compró una bici ciclostática, entonces era toda una novedad. Don Rafael pasaba por casa después de dar misa, y daba unas cuantas pedaladas. Yo aprovechaba en esos momentos para hablar con él de fútbol -porque los dos éramos del Real Madrid-. Me acuerdo cuando bromeaba y decía “cuando el Madrid gane la Copa de Europa –bastantes años antes de ganar la séptima- tocaremos las campanas de la iglesia para celebrarlo”. Los que habéis estado cerca de él, me diréis: “cosas de Don Rafael”. Y hay muchos que me dijeron que fue un gran apasionado de los encierros del pueblo y que corría en ellos. Me lo creo, porque ahora mismo lo estoy viendo con la sotana negra arremangada dando unas cuantas patadas al balón en el redondo de arena que era la Plaza del Ayuntamiento, donde solíamos jugar al fútbol antes de entrar a catequesis.

 

Son tantas cosas las que recuerdo… Pero lo más importante es que, con sus aciertos y sus errores, siempre recordaré a Don Rafael como una persona que hizo todo cuanto pudo por la gente y el pueblo que más quiso: Portillo de Toledo. Para mi, Don Rafael siempre estará en mi corazón y, seguramente, en el de muchos portillanos y  de otra tanta gente de pueblos de alrededor y otros lugares donde lo conocieron. Don Rafael ha escrito una parte muy bonita de la Historia de Portillo y será recordado como una persona emblemática.

 

Me despido de ti, Don Rafael con los siguientes versos de José Ángel Buesa:

 

 

Te digo adiós, y acaso te quiero todavía.

Quizá no he de olvidarte, pero te digo adiós.

No sé si me quisiste... No sé si te quería...

O tal vez nos quisimos demasiado los dos.

 

Este cariño triste, y apasionado, y loco,

me lo sembré en el alma para quererte a ti.

No sé si te amé mucho... no sé si te amé poco;

pero sí sé que nunca volveré a amar así.

 

Me queda tu sonrisa dormida en mi recuerdo,

y el corazón me dice que no te olvidaré;

pero, al quedarme solo, sabiendo que te pierdo,

tal vez empiezo a amarte como jamás te amé.

 

Te digo adiós, y acaso, con esta despedida,

mi más hermoso sueño muere dentro de mí...

Pero te digo adiós, para toda la vida,

aunque toda la vida siga pensando en ti.

 

 

Que la Virgen de la Paz y los Santos Mártires te acojan en su gloria.

 

 (Este artículo fue adaptado y publicado en el libro de las Fiestas en Honor al Santísimo Cristo de los Remedios, de Rielves 2011)

 

Rubén Crespo Gómez

11 de Agosto de 2011

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10. Un sacerdote ejemplar, hermano y amigo para siempre

 (Artículo extraído del libro "Fiestas en honor al Cristo de los Remedios 2011", de Rielves)
 
 
 
Para quien tenemos Fe, sabemos que, como dice San Pablo, todo sucede para bien de los que aman a Dios. Existen eventos en nuestra vida, sin embargo, episodios que nos recuerdan que aceptar esta verdad no siempre es fácil.
 
Uno de ellos ha sido la partida a la casa del Padre, de un sacerdote nacido y amigo de nuestro pueblo “D. Rafael Pérez Escobar”. Su vida ha sido toda una afirmación de entrega al sacerdocio y el 10 de agosto nos dejaba en un entorno donde él era realmente feliz en Lourdes junto a la Virgen a la que él tanto veneraba, donde cada año iba acompañado de cientos de peregrinos, amigos y familiares.
 
Algunos habéis compartido con él sus años de juventud y entusiasmo, otros su sacerdocio y acercamiento a Dios, viviendo una vida cristiana seria y entregada. Era una amistad compartida en muchos aspectos, actividades de formación, ayuda y entrega a los demás, pero sobre todo su labor apostólica, que, por gracia de Dios, ayudó a muchos amigos y conocidos.
 
 
El ministerio sacerdotal le llevó a distintos destinos, pero fue en Portillo de Toledo, donde él ejerció su labor, y compartió con alegría y convicción los grandes proyectos que, junto con hombres y mujeres se han hecho realidad en este pueblo tan agradecido para con él y que seguro le recordará siempre, aunque la pequeña distancia nunca aminoró la amistad y cariño que sentía hacia nuestro pueblo. Siempre que se le requería aquí acudía con alegría y servidumbre.
 
Esta sencillez y alegría le abrían las puertas de todos los ambientes de la sociedad, la Iglesia y la vida ordinaria de quienes se acercaban a él, por ellos sus logros perdurarán para siempre entre nosotros.
 
Por ello y en este libro de las fiestas en Honor a nuestro Cristo de los Remedios queremos hacerle este pequeño homenaje en agradecimiento a su labor y constancia.
 
“GRACIAS POR TODO”, y que el Cristo de los Remedios te colme de Gracia y la Virgen te cubra con su manto amoroso.
 
 
Recuerdo de tu sobrina

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11. Todo habrá merecido la pena.

 

Querido padre de mi espíritu: a tí te encontré o te me presentaste, con aquella homilía, en la que nos hablabas de unas ardillas preciosas, que se escondían entre los matorrales cuando veían gente, y nos comparaste con ellas.

"¡No seáis ardillas cobardes!" -dijiste.

"Os han hecho buenos, os han hecho santos. Dios ha puesto luz en vosotros. iluminad al mundo con la luz, que Él os da", -dijiste.

Has hecho que te sigamos, incluso desde la distancia.

Esa forma de ser padre, padre... Sólo queriendo que estemos a tu lado. Don Rafael, estar a tu lado es de esas cosas buenas que nos pueda pasar en la vida.

Es sentimiento limpio, ¡No puede ser de otra forma! Es un lujo para mi espíritu, sentir... y por lo tanto saber, que nos estás guiando con una sonrisa tierna.

Te queremos, de la forma más limpia que se le puede querer a alguien. Te tenemos en nuestras oraciones, y tú nos tienes en tu alma. Cada noche te saludo: un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria. Cada noche seguiré dándote las buenas noches. Por que te he metido dentro de los míos. Y si de ellos me despido al acabar el día, de tí también me despido.

Por mi sensación, y en lo que siento... sé que me correspondes, con alguna palabra de esas que tú sabes decir, que nos hace suspirar profundamente.

Solo quiero que cuando yo sea llamada, en frente tenga el rostro de nuestro Señor, y haciéndome un pasillo a derecha e izquierda... mi madre guapa, mi hermano, mi querida abuela y demás familiares. Y también quiero verte, como me abrazas y acaricias con esas manos bellas.

Todo habrá merecido la pena. Tu ausencia es grande, pero saber que nos esperas con los brazos abiertos, junto a nuestra Señora de Lourdes, junto a nuestro Señor Jesucristo, querido padre de mi espíritu. Todo habrá merecido la pena.
 


Anabel. Puebla de Montalban

Agosto de 2012

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